Serrat: Soy un desagradecido que no le ha dedicado al vino una canción. Pero aún estoy a tiempo.

No desentonó el vino de Serrat. O debiéramos decir el tinto de Joan Manuel, el perito agrícola que se dedicó a la música.
Dio la nota. Las expectativas puestas en el primer salto del cantante desde el disco hacia la botella eran enormes. Pero Perinet 2002, según la prensa especializada española, cumplió. Y eso que Serrat, sus socios Antonio Casado y Alejandro Marsol, y el enólogo Josep Serra, apostaron por lo difícil en el debut de la Viña Mas Perinet: crear un ensamblaje compuesto por 42% de Garnacha, 25% de Syrah, 15% de Cariñena, 15% de Cabernet Sauvignon y el 3% restante de Merlot. Como crear una sinfonía.

Fue una obra que reposó 16 meses en barricas y de la cual se han producido 40.000 botellas. Una joyita, dicen. El diario “El Mundo” lo calificó como “un gran vino, su aroma es fino y complejo, recomendándose su decantación”.
¿Su precio? Cerca de 18 euros. Pero el dinero parece lo de menos en esta empresa. Él dice que no ha entrado en esta historia para hacer el negocio de su vida, pero que tampoco es la aventura de un diletante que se introduce en este mundo de un modo trivial. El sueño de Serrat es crear vinos que saquen su voz desde las entrañas. “Esto son sensaciones. Me impresiona cuando veo la planta salir del letargo, llorar y brotar. Es emocionante comprobar cómo una planta tan sufrida como la vid, que aguanta como ninguna las barbaridades y las carencias, ofrezca un fruto tan peculiar, nutriéndose de las entrañas del suelo y extrayendo su terruño”, filosofó en GP Magazine. Una pasión que fue madurando. Un destino del cual no pudo escapar: cómo no, si nació en el Mediterráneo. Y en Cataluña, para más señas. Un desafío que tomó cuerpo y piernas en el Priorato, cerca de Tarragona, al sur de Barcelona.
Ahí extiende su finca de 269 hectáreas, de las cuales sólo 32 son de viñedo: media hectárea en llano, 10 en laderas suaves y poco pronunciadas y 21,5 en lugares muy empinados. Es que él y sus socios desean un vino que esté a la altura de las expectativas. Ahí ubicaron, en terrazas, los instrumentos precisos para componer: Cariñena, Garnacha, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Garnacha Blanca, Moscatel, Chenin Blanc y Viognier, entre otras. Lo demás lo puso la naturaleza: al estar plagado de laderas escarpadas, llega a darse una diferencia de 100 metros de altitud en cepas de una misma parcela, lo cual produce una gran diversidad.
¿Qué viene a futuro? Serrat explica qué quiere lograr “un Priorato elegante, con tonos de fruta, tánicamente muy maduro, con una graduación aceptable, que sea bebible, que nos podamos beber tú y yo en una comida una botella y no quede nada… Lo cual tampoco significa que no me gusten los vinos potentes. Yo creo que hay un vino para cada ocasión y una ocasión para cada vino”, dijo en “El Mundo”.
Sencillo pero sabio. Él sabe y dice que éste es un arte que desaparece en un instante en el estómago. Pero que es arte al fin. Y asegura que el vino tiene poesía, como la música, la pintura o la literatura. Intuye que el vino no es la musa, pero que la botella viene con una especie de genio adentro, que no te ayuda a escribir una canción pero crea el ambiente propicio para que surja la idea. Hoy, a sus sesenta y uno, Serrat es más complejo, tiene nuevos matices. Hoy es vino y canto. Esto quizás le ha traído algunos problemas de identidad. “No quisiera convertirme en la imagen del vino”. Pero sin duda será su voz. Salud, maestro.

Por Felipe Álamos Undurraga www.dvinosblog.cl

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