Sistemas agroalimentarios localizados de vinos caseros

28/09/10
Fuente: El Argentino | Adriana Bocco Investigadora del Conicet / Estación Experimental Agrícola Mendoza-INTA.

vino caseroEl pasaje de los vinos caseros del ámbito de la familia y de la comunidad al mercado, de formas familiares de organización productiva a formas colectivas, de elaboradores individuales a elaboradores organizados, de vinos sencillos a vinos competitivos son algunos de los procesos en que interviene el proyecto SIAL de vinos caseros, que forma parte de un proyecto nacional del INTA (AETA 282831, dentro del Módulo SIAL: investigación/acción en diferenciación de alimentos típicos mediante denominación de origen u otras estrategias) y del que participan las estaciones experimentales, agencias de extensión rural y centros de desarrollo vitícola del Centro Regional Mendoza-San Juan del INTA.

De dos años a esta parte, el INTA comienza a trabajar con elaboradores de vinos caseros en aquellos territorios que se encuentran dentro de las áreas de influencia de diez agencias de extensión rural del Centro Regional Mendoza-San Juan del INTA. En San Juan: Iglesia y Caucete. En Mendoza: General Alvear, San Rafael, La Consulta, Junín, Santa Rosa, Luján de Cuyo, Lavalle y Maipú. Posteriormente, se integran Chilecito y Tinogasta, de la provincia de La Rioja.

El equipo de extensionistas e investigadores involucrados con el sector vinos caseros aplica el enfoque SIAL (Sistemas Agroalimentarios Localizados), que a nivel operativo se constituye en un enfoque alternativo de desarrollo rural territorial. La metodología de trabajo con los grupos de vinos caseros es la propuesta por la investigación-acción-participativa.

A través de este enfoque se promueve el fortalecimiento de los procesos de desarrollo local en los distintos territorios vitícolas de la región cuyana a partir de procesos de calificación y valorización de los vinos caseros. El proyecto SIAL vinos caseros tiene por objetivo la activación de una vitivinicultura tradicional y artesanal de pequeña escala en el seno de las agriculturas familiares y el trabajo interinstitucional con los gobiernos municipales y organismos estatales involucrados sobre los siguientes ejes: articulación de lo tradicional con lo innovativo, apuntando a lograr mayor calidad en los vinos caseros; fortalecimiento de la agricultura familiar, tanto en lo económico como en lo social y cultural; organización de los elaboradores y desarrollo de capital social; estrechamiento de las relaciones elaborador-consumidor y generación de nuevos espacios de participación ciudadana para fortalecer el desarrollo territorial.

El reconocimiento de los vinos caseros en 2002 por el Instituto Nacional de Vitivinicultura dio origen a un proceso dinámico de activación del Sistema Agroalimentario Localizado (SIAL) de estos vinos en distintos territorios con tradición vitivinícola en la Argentina. Brindó una oportunidad de mercado a una pequeña agroindustria rural y artesanal y la insertó en el espacio competitivo de los vinos de calidad, surgidos de los profundos procesos de transformación y reestructuración vitivinícola que ha vivido el sector en las últimas décadas.

Cuando el SIAL de vinos caseros se activa comienza un proceso de transformación desafiante por la necesidad de introducir innovaciones que apunten al mejoramiento de la calidad de estos vinos, pero diferenciándose de los vinos de escala industrial. Este proceso implica especificar los atributos distintivos del vino casero, reforzar sus características tradicionales y valorizar este recurso local para fortalecer los procesos de desarrollo rural territorial.

El necesario marco legal. La crisis de 2001/2002 afectó la situación socioeconómica de muchas familias rurales con pequeñas explotaciones vitícolas de la región cuyana que buscaron en el mercado una oportunidad para comercializar productos de elaboración casera y compensar la merma de ingresos de sus explotaciones vitícolas. Entre estos productos se encontraba el vino casero. En estas pequeñas explotaciones vitícolas familiares era tradicional la elaboración de vinos, en forma artesanal y en pequeños volúmenes.

Tradicionalmente, utilizaban parte de las uvas de sus propios viñedos o aquellos racimos que quedaban en las vides después de la cosecha, los que localmente reciben el nombre de melezca, para la elaboración de los denominados vinos caseros o pateros. Estos vinos formaban parte de un circuito de distribución estructurado sobre la base de relaciones sociales familiares, de amistad o vecindario. Aunque, en algunos casos, también se comercializaban informalmente en reducidos mercados de consumo locales o a lo largo de las rutas y caminos rurales.

El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) –máximo organismo de regulación y fiscalización de la actividad vitivinícola en la Argentina– combatía la venta de estos vinos que no se producían en establecimientos controlados por él. Cumpliendo con la legislación vigente, sus inspectores decomisaban y derramaban este tipo de vinos no autorizados para su comercialización en el mercado.

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