Tim Atkin: Chile es más excitante que Argentina

20/12/10
Fuente: El Mercurio Revista del Campo Chile |Eduardo Moraga Vásquez.

Tim AtkinDurante dos décadas, Tim Atkin fue el wine writer más crítico de la industria nacional. Quien dijera que el vino chileno era como un Volvo, seguro pero aburrido, y que el carmener era una cepa de segunda categoría, hoy celebra la diversificación geográfica y de estilos que vive el país. Eso sí, critica el excesivo precio de los vinos ícono y la obsesión chilena con los países competidores.

El pasaporte de Tim Atkin tiene marcada una decena de entradas a Chile. Su primera vez fue en 1990. La última en diciembre de este año. Entre medio, se despachó las críticas más fuertes hechas por un wine writer, mezcla anglosajona entre periodista y crítico de vinos, a la industria local. Que el vino chileno era como un Volvo, seguro pero aburrido, fue la primera. La otra, que el carmener era una cepa de segunda clase. Un golpe directo al mentón.

Más de algún viñatero tuvo la tentación de mandarlo a la punta del cerro.

Sentado en el lobby del Hotel Ritz, con un pisco sour en la mano, Atkin se ríe al recordar esas frases, aunque advierte que está un poco cansado de que se las recuerden cada vez que viene a Chile.

Dueño de un estilo asertivo e iconoclasta, Atkin es uno de los referentes en el mundillo del vino del Reino Unido. Columnista de la revista Decanter y del The Times, además de panelista en la BBC. Si las islas británicas son el mercado que dicta las pautas de consumo a nivel mundial, desde el surgimiento de Burdeos en la Edad Media hasta el auge de Australia en los años 90, Atkin es parte del puñado de personas que orienta hacía donde van los nuevos gustos de los súbditos de Su Majestad.

Se entiende entonces porqué ningún viñatero retrucó públicamente las ácidas opiniones del wine writer.

Mientras tanto, Atkin luce como lechuga. Lleva una semana recorriendo Chile. Con una agenda apretadísima, invitado por Wines of Chile, viajó por Colchagua, Leyda y Maule. Tras probar centenares de muestras y visitar un sinnúmero de viñedos y calicatas, mantiene la capacidad de síntesis y de generar metáforas que se le pide a un buen periodista.

-Por muchos años, Chile fue como los actores de James Bond, que hacen el mismo personaje película tras película. Los viñateros no se desafiaban a sí mismos, estaban confinados en una pequeña zona confortable, los valles centrales, y con un puñado de cepas probadas, explica Atkin.

Hay que poner atención al tiempo verbal que usa el wine writer: el pasado. Quizás por eso luce tan relajado.

Atkin reconoce que ésta es la mejor visita de todas las que ha hecho. El rescate de las viejas parras de la cepa país que hace Louis-Antoine Luyt en Cauquenes lo emociona. Se maravilla por el sauvignon blanc precordillerano de Rafael Tirado. Declara que es un fan de los syrah con influencia marina.

-Es apasionante el actual momento del vino chileno. Los límites geográficos se han ampliado en forma espectacular hacia el sur, el norte, la cordillera y la costa. Las viñas se están atreviendo a tomar riesgos. Están pasando de producir Nescafé a hacer un real café de grano; resume Atkin.

La ironía sigue ahí, pero el tono del wine writer es desacostumbradamente positivo. Esta es la mirada 2.0 de Atkin sobre el negocio del vino chileno.

Maule, carta global

Si tuviera que reducir su visita a una sola palabra, Tim Atkin diría «Maule».

-Ese valle ha sido un gran descubrimiento para mí. El Maule ha sido tratado como un ciudadano de segunda clase. Sin embargo, ahí está el alma del Chile vitivinícola. Junto con el Biobío es la región productora más antigua, además tiene parras de varios años de país y carignan. Ahí están las raíces chilenas, que son españolas, mediterráneas. El vino no partió acá en 1990 luego de que se fuera Pinochet. Tiene siglos de historia, pero a nivel internacional no se conoce ni tampoco se muestra. Las parras viejas y la historia que hay detrás son elementos muy atractivos. En el mundo del vino los negocios rentables son los que se basan en una identidad única. Es preferible un vino país de Cauquenes, con sus imperfecciones, que un merlot aburrido de la zona central, sentencia.

-A comienzos de este año escribió que el vino país de Louis-Antoine Luyt le había volado la cabeza, ¿qué efecto cree que Luyt tiene para el resto de la industria chilena?

-Es un tipo maravilloso, un poco loco. Eligió vivir en el Maule y hacer vinos naturales, algo nuevo en Chile. Aunque sus vinos no son de gusto masivo, son desafiantes y, algunas veces, brillantes. Es una visión extrema de lo que se puede hacer. Desafía a los enólogos a ser diferentes. A veces parece que a los dueños de las viñas los tienen con camisas de fuerza, como Aníbal Lecter. Hay que darles más libertad. Chile necesita más Luyt.

Para Atkin, Chile es muy bueno en el nivel básico, pero tiene que ser más ambicioso.

-Mi impresión es que sólo ha logrado el 25% de su potencial, pues se movía cómodo en el segmento de las grandes producciones en suelos fértiles. El problema es que no es rentable vender una botella a 3,99 libras ($3.000 aproximadamente) en un supermercado inglés, pues hay que descontarle los fuertes impuestos y el costo de la logística. Las viñas terminan vendiendo bajo el costo de producción.

-¿Y cómo se da ese salto en precio?

-Es haciendo que más personas crean en el potencial que tiene Chile, que es increíble. Además, tienen que insistir en la identidad de sus vinos, en hacer algo que no se haga en otro lado. Sería bueno que en los próximos diez años no sólo se recuperen las parras viejas de país o carignan, sino que se desarrollen estilos propios de cabernet sauvignon, sauvignon blanc, syrah, etc.

abrir el abanico de cepas

-En 2006, le dijo a la Revista del Campo que el carmener era de segunda división. ¿Sigue con esa opinión?

-Cambié de idea. Si está plantada en el lugar correcto puede ser notable. A diferencia del cabernet sauvignon, que se da bien en varias zonas, el carmener es más orientado al terroir. Eso sí, hay que cosechar la uva madura, no sobremadura como a veces tiende a hacerse.

El crítico no se queda sólo en eso, sino que insiste en que en el futuro se debe optar por abrir el abanico de cepas.

-Chile ha confiado en un número pequeño de variedades ya probadas. Gente como Luis Felipe Edwards plantó mourvèdre, sangiovese y tempranillo en Colchagua. Ese es un camino interesante. ¿Por qué no intentarlo también con el vermentino, tempranillo o la touriga nacional? Eso da más posibilidades de producir vinos interesantes.

Es notable la apertura de los argentinos a probar cosas distintas. Me gustaría que los chilenos tuvieran un 10% de ese espíritu.

-Argentina es vista con temor en Chile por el alza de sus exportaciones.

-Su gran ventaja es que hacen el mejor malbec del mundo. A Chile le falta ser el top en una variedad, que puede ser el carmener, el país o el carignan, o una mezcla.

Sin embargo, es un error mirar a Argentina y los chilenos tienden a hacer eso. Tienen que concentrarse en su propio potencial y sacarle partido.

Ahora Chile es más excitante que Argentina. Eso no lo habría dicho hace cinco años. Obviamente que allá se hacen fantásticos malbec, pero no tienen blancos interesantes. Chile tiene una diversidad más grande de climas y suelos, además de la influencia del mar y la aparición de nuevos terroirs.

Mirando al mar

Si Tim Atkin declara al Maule como su nueva amante, es en las zonas costeras de Chile donde está su viejo amor.

-Aunque Chile puede hacer muy buenos vinos de tipo mediterráneo, como grenache, mourvèdre o syrah en los cálidos valles centrales, prefiero los de climas más fríos. Son vinos más elegantes. Malleco, Leyda, San Antonio, Zapallar, le agregan nuevas dimensiones a Chile. Sin duda ustedes pueden hacerse un nombre a nivel mundial allí.

El mejor tinto que he probado de Chile es el Matetic syrah 2007, que viene de una zona costera. La mineralidad, frescura y complejidad lo hacen un vino sobresaliente. Junto con Coyam, de Antiyal, son los grandes value for money que tienen. Algunos íconos chilenos lucen patéticos ante ellos.

-¿Dónde estaría lo patético de esos íconos chilenos?

-En el precio. Es divertido, la mayoría de las veces Chile vende muy barato, pero con algunos íconos le ponen un valor muy alto. Para cobrar mucho se necesita hacer un vino realmente bueno y consistente a través de los años.

Después de todo Atkin sigue siendo Atkin.

Atkin cree que el siguiente paso de chile es entregar vinos diferentes. Una opción es rescatar las viejas parras de país y carignan.

Nueva generación-La vieja generación, la de Pablo Morandé, Aurelio Montes e Ignacio Recabarren, posicionó a Chile como un buen jugador a nivel mundial. Sin embargo, el grupo de enólogos que está entre los 30 y 40 años llevará al país a un nuevo nivel. Van a hacer grandes vinos y redefinirán la industria chilena. Es gente como Marcelo Retamal, Rafael Tirado o Louis-Antoine Luyt. Esto está recién comenzando. En diez años me gustaría ver 50 vinos grandes.

Vinos que marcaron su visita* Laberinto sauvignon blanc, de Rafael Tirado. «El viñedo es espectacular. Es el mejor sauvignon que he probado en Chile»

* Aristos, el proyecto de Francois Massoc, Pedro Parra y Louis-Michel Liger-Belair, que todavía no sale al mercado. «Los vinos que probé tienen el potencial de ser de los mejores del hemisferio sur».

Lucro y vinos-Desafortunadamente, el mundo de los vinos finos está manejado por el interés de los inversionistas. Eso significa que se concentran en Burdeos, por su prestigio, volviendo sus precios inaccesibles para los que no son ricos. Los consumidores tienen que aprender que los vinos finos pueden venir de cualquier lado del mundo. Los críticos de vinos necesitamos ser menos reverenciales con los clásicos.

Reino Unido, mercado polarizado-La crisis dividió el mercado. Una parte de los consumidores, que no tenía dinero, se fue a los vinos más baratos. Otra parte comenzó a comer en casa y comprar vinos un poco más caros. ¿Qué pasará en el futuro? Lo claro es que el Reino Unido ya se convirtió en un país consumidor habitual de vinos. Creo, eso sí que las personas van a estar más preocupadas por el cuidado al medio ambiente y que se trate en forma justa a los proveedores de uva».

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