Un escenario externo complejo

08/06/10
Fuente: Diario Los Andes Mendoza | Luis Fermosel.

Los AndesLa caída del Euro, el mantenimiento del valor del dólar y los aumentos internos de los insumos, generan una situación preocupante para las exportaciones vitivinícolas. Fue el tema casi excluyente de las mesas de café que suelen congregar a los distintos actores de la industria vitivinícola. Se está conformando un cóctel que puede llegar a ser explosivo, si la situación interna y la internacional continúa profundizándose porque los despachos en el mercado interno siguen en baja, mientras las explotaciones continúan perdiendo competitividad como consecuencia de la devaluación del Euro, el mantenimiento del valor del dólar y el incremento en los insumos y en el precio del vino en el orden local.

«Si todas estas cosas se combinan, el año que viene podemos llegar a sufrir las consecuencias», dijo un dirigente, quien agregó que «deberemos establecer una política que permita que no se produzcan las históricas subas y bajas, que terminan afectando al productor o exigiendo la intervención del Estado».

El crecimiento de la industria se había logrado a partir de un ordenamiento, que se dio el propio sector y que logró modificar aquellas políticas excedentarias de décadas atrás. La diversificación, la reconversión y la salida a los mercados externos constituyó el gran cambio en la vitivinicultura mendocina, mientras San Juan encontró su equilibrio en el mosto, la uva en fresco y las pasas, a lo que sumó una incipiente pero interesante inserción en los mercados externos.

Esos aspectos lograron equilibrar los precios, pero quedó un aspecto que no se cumplimentó y fue el de alcanzar una política de stocks de vinos, especialmente de calidad, que evite un posible desabastecimiento.

Se llegó así ahora a una carencia de caldos que ha generado un incremento sustancial en los valores. Al decir de algunas fuentes consultadas, una bonarda, que el año pasado se pagó entre 80 y 90 centavos, este año se cotizó a más de 2 pesos, con subas de hasta el 150 por ciento. Esa relación también se dio en otras uvas de calidad, especialmente en la malbec.

Pero el inconveniente no sólo se dio en los valores de las uvas y de los vinos. Se afirma que el vidrio tuvo un incremento del 30 por ciento en lo que va del año y que un porcentaje similar se dio con el cartón para las cajas de exportación.

Paralelamente, el mercado externo se manifiesta con una complejidad preocupante. Sucede que se ha producido una fuerte devaluación del Euro, de más del 10 por ciento, lo que complica las posibilidades de exportación, a lo que se suma el hecho de que Europa es productora de vinos, lo que hace a esos países más competitivos con relación a la Argentina. «Años atrás, nuestras exportaciones al Reino Unido y Europa constituían el 50 por ciento y actualmente estamos sólo en un 30 ó 35 por ciento», indicó un bodeguero.

Por ese motivo, las exportaciones tienden a virar hacia el dólar, especialmente hacia Estados Unidos y Canadá. «Pero mientras el dólar se mantiene estable, los costos internos suben», dijo la fuente, la que agregó que «la situación se complica porque el otro mercado importante es Brasil y actualmente estamos ante la disyuntiva sobre qué es lo que va a pasar en las negociaciones que se realizan entre los gobiernos por el tema de ingreso de los productos».

Según se afirma, esos problemas afectarán especialmente las exportaciones de precios medios y altos -que son los de mayor volumen- con el agravante de que si se dejan de hacer envíos, porque los números «no dan» la Argentina puede llegar a ser catalogada como un proveedor poco confiable.

Para las fuentes consultadas, las exportaciones -y su necesario crecimiento- resultan fundamentales, porque se está produciendo una caída preocupante en el mercado interno. «Ya no hablamos de crecer, sino sólo de mantenernos», dijo para graficar un dirigente, quien agregó que en este aspecto los vinos que más sufrirán el nuevo marco son los de menor precio. Señalan entonces que, de continuar esta situación, la preocupación se centra en 2011.

«¿Qué puede pasar si el año que viene sumamos 2 ó 3 millones más de quintales y quién va a sufrir las consecuencias?, se preguntó la fuente, basando su posición en el hecho de que ya, a junio del año que viene, se estiman 6 meses de despachos, entre blancos y tintos.

Encontrar una solución a las variables señaladas debe constituir el gran desafío de la industria en su conjunto porque debe evitarse que tenga que volver el Estado a participar en el mercado o que, si caen los valores de las uvas de calidad, se produzca una reconversión «al revés» y la gente prefiera implantar cepas más rústicas, dejando de lado los varietales. Debe intentarse alcanzar una vitivinicultura sustentable en la que toda la cadena reciba precios justos.

Dos temas para el final. Cayó muy bien entre los bodegueros la reglamentación para la fiscalización sobre indicadores de riesgo. «Eso permitirá trabajar mucho más tranquilos a los que lo hacen bien», destacó una fuente.

Pero siguen los coletazos con el aumento en los índices de color. Aseguran que la medida fue «económica» y no «técnica» y que, con ese tipo de decisiones puede llegar a reflotarse el viejo Consejo Directivo «que tantos problemas trajo a la industria». Respecto del índice, se indicó que «quienes reclamamos por el cambio somos quienes estamos en la comercialización, los más interesados en la calidad». Por Luis Alberto Fermosel

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