Vinos del Bicentenario

24 de mayo de 2010
Fuente: Diario Los Andes | Cristian Avanzini.

Vinos del Bicentenario Los AndesComenzaron a aparecer de la mano de apellidos ilustres de la vitivinicultura desde hace medio siglo y hoy siguen acompañándonos en la mesa. Aquí, un homenaje a los grandes vinos clásicos que forjaron historias, recuerdos y anécdotas en abuelos, padres e hijos. Mendoza y vino no son sinónimos aunque a través de estos últimos doscientos años el vínculo entre ambos se ha arraigado como la vid a la tierra. Esta particular historia está escrita a partir de viñas y uvas, pero principalmente de hombres y mujeres que han hecho del vino su vida y su pasión. Desde la incipiente elaboración de los elixires de Baco a fines del siglo XVIII a esta parte la viticultura ha cambiado y mucho. Sin embargo hay nombres y marcas que han trascendido al tiempo y se han institucionalizado como emblemas, recuerdos y anécdotas para varias generaciones.

Arizu, Bianchi, Escorihuela, López y Goyenechea son sólo algunos de los apellidos que han dejado huella en la memoria de abuelos, padres, hijos y nietos.

Su empeño por la excelencia fue el origen de una cepa sólida que dio como fruto vinos clásicos que comenzaron a sumarse a la mesa de los argentinos desde hace más de 50 años y hoy se mantienen vigentes.

Clásico, ¿se nace o se hace?

Cuesta creer que en la década del ’50 los pioneros de los vinos finos en Argentina pensaran ya bajo el concepto de «clásicos». Pero tampoco hay que dejar de lado el hecho de que en aquel entonces elaborar un producto «descartable» era sólo una pesadilla futurista, por lo que todo el empeño estaba puesto en la calidad.

Y como en todo producto, el elaborador propone y el consumidor dispone. Por eso, plantada la semilla en tierra fértil -literalmente en el caso del noble suelo mendocino- la historia se convierte en juez.

De esta forma, desde la representativa caramañola de San Felipe o aquel noble Caballero de la Cepa (Flichman) gestado por el maestro de los maestros de la viticultura argentina, Don Raúl de la Mota (ver aparte) a ejemplares de mármol como Pont L’ Évêque – «el vino de Perón» – (Escorihuela), Don Valentín (Bianchi) o Norton, los clásicos mantienen viva la historia misma de la vendimia mendocina.

Proponemos, entonces, sumarlos a los festejos de celeste y blanco de este mayo de 2010 como «los vinos del Bicentenario».

Aberdeen Angus (Goyenechea / Flichman)

Se trata de uno de los primeros vinos finos elaborados «por encargo». En este caso, su origen se remonta a 1965 cuando la asociación de criadores de la raza vacuna Aberdeen Angus solicita la elaboración de su propia etiqueta a Bodegas Goyenechea. Ya hacia 1998 su producción pasa a manos de Finca Flichman, extendiendo esta tradicional etiqueta hasta nuestros días.

Caballero de la Cepa (Flichman)

La historia de este noble hidalgo -considerado el primer vino fino de Argentina- se remonta a 1947, año en que Raúl de la Mota comienza a trabajar con Sami Flichman, fundador de la bodega. Según contó en varias oportunidades Don Raúl: «Fue la primera vez que vinifiqué por varietales, sin mezclar uvas». La historia del nombre del vino se remonta a uno de los tantos viajes de Flichman a Francia. Allí se reunió con una cofradía de degustadores llamada «Le Chevalier du Cep», o «El Caballero de la Cepa». De vuelta en la Argentina, resolvió plasmar la experiencia en la etiqueta creada por Don Raúl.

Carcassone (Escorihuela)

Este ejemplar de la bodega que Don Miguel Escorihuela Gascón fundó en 1884 ha quedado establecido como «el clásico vino fino tinto argentino». Su nombre surge de la capital del departamento de Aude, en la región Languedoc-Rosellón, en Francia. Según cuentan en la bodega, «registros hallados en antiguos archivos enológicos nos confirman que el auténtico estilo argentino es un tinto elaborado con 55 por ciento de Cabernet Sauvignon y 45 por ciento de Malbec». La fórmula que hasta el día de hoy Escorihuela utiliza para dar vida a Carcassonne.

Cavas de Weinert (Weinert)

Aquí, una vez más, aparece la sangre de Raúl de la Mota, quien en 1976 se suma a un revolucionario proyecto de innovación tecnológica para la bodega Weinert. Un año después, más precisamente un 14 de mayo, se celebró la primera vendimia del establecimiento, en la cual se cosecharon uvas Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot de la Loire y Semillón. A partir de ellas De la Mota creó este gran clásico que es «Cavas de Weinert».

Don Valentín Lacrado (Bianchi)

Con más de 40 años en la mesa de los argentinos, sobran los preludios para esta etiqueta emblema de la tradicional bodega sanrafaelina que lleva el nombre de su fundador. Su composición se basa en una combinación estratégica de cepas tintas tan conocidas como Malbec, Merlot y Cabernet Sauvignon con otras algo extravagantes como Sangiovese o Canari (cuya superficie cultivada ha estado en franco descenso en las últimas décadas). El resultado es un vino simple, con perfume frutado y tan fresco al paladar como en los ’60.

Etchart Privado Torrontés (Etchart)

El único clásico de la lista que no vio la luz en Mendoza ha plasmado su nombre en la historia como un blanco iconoclasta desde su aparición en 1963. Nacido en Cafayate, el secreto de la vigencia del Etchart Privado está en su respeto casi sagrado por las bondades del Torrontés de suelo salteño.

Etiqueta Marrón (Suter)

Sin dudas, el blanco que revolucionó los ’70. Desde su lanzamiento se posicionó como una apuesta fija en cenas especiales o salidas gastronómicas. Pasado el furor de las primeras décadas, esta etiqueta de la emblemática bodega sanrafaelina Suter se mantiene vigente más allá de la nostalgia.

Fond de Cave (Trapiche)

Esta tradicional marca Trapiche fue creada por Pedro Benegas, hijo de Tiburcio Benegas, quien fundó la bodega hacia 1884 y tres años más tarde se convirtió en gobernador de Mendoza. La línea Fond de Cave nació con un marcado estilo francés que de a poco fue transformándose hasta adoptar el clásico estilo argentino, el cual mantiene hasta nuestros días.

López Selección (López)

Bodegas López presenta en sociedad al que califica como «el emblemático vino argentino» en 1969. Desde su nacimiento se diseminó por casas y restaurantes de todo el país, desembarcando con una fuerza arrasadora -hasta el día de hoy- en Buenos Aires. El vino ha conservado intacta su calidad a través de los años, tomando su carácter «clásico» en parte gracias a su añejamiento en toneles de roble francés de 5.000 a 20.000 litros de capacidad, a la usanza de la vieja escuela. Desde hace algunos años la bodega cambió su etiqueta denominándolo «Malbec López».

Montchenot (López)

Clásico de clásicos de Bodegas López, sus primeras etiquetas aparecieron alrededor de 1956. Uno de los grandes misterios de este vino es cómo logra la bodega que cada botella, cada año, sepa casi exactamente igual a la anterior. Además, el Montchenot se destaca por su deliciosa capacidad de añejamiento, por lo cual el Bicentenario representa una gran oportunidad para darse el gusto y probar alguna vieja cosecha de este noble ejemplar.

Norton Clásico (Norton)

Sin dudas, uno de los grandes preferidos por abuelos, hijos y nietos. Este gran clásico argentino surge de la bodega fundada por el ingeniero inglés Edmund James Palmer Norton, quien en 1895 se enamoró del suelo mendocino durante la construcción del tren trasandino y decidió crear la primera bodega al sur del río Mendoza con la plantación de vides importadas de Francia.

Pont L’ Évêque (Escorihuela)

Esta etiqueta insignia de Escorihuela tiene su página en la historia de los clásicos no sólo por su vigencia en el mercado desde hace cinco décadas sino, además, por haber sido el vino favorito del ex presidente Juan Domingo Perón. Buscando una explicación «enológico-política» a esto, vale apuntar que fue casualmente Don Miguel Escorihuela Gascón quien ofreció por primera vez, en 1936, el hoy institucionalizado «Almuerzo de las Fuerzas Vivas» que sucede al Carrousel en los festejos vendimiales. Tradicionalmente los Presidentes participan de este evento y no resultaría extraño pensar que «El General» se haya enamorado del Pont L’ Évêque en uno de estos agasajos.

San Felipe (La Rural)

¿Qué decir de esta pequeña caramañola que ya se ha convertido en un nombre propio? Esta amable cantimplora de vidrio es la creación más antigua de la actual bodega La Rural y su origen se remonta a la década del ’20. En estos ochenta años, ha sabido ganarse el cariño y el reconocimiento de varias generaciones.

Santa Ana Selección (Santa Ana)

Nacido de la bodega fundada en 1891 por Don Luis Tirasso, salió al mercado en 1979 con el firme objetivo de imponerse como «vino fino para todos los días». Tan mendocino como las tortitas y la sopaipilla, el Selección Santa Ana ha llegado a la mesa de millones de argentinos durante las últimas tres décadas.

Otros clásicos

Chateau Vieux (López)
Cuesta del Madero (Cruz de Piedra)
Goyenechea Clásico (Goyenechea)
Malbec Estrella 1977 (Weinert)
Nuestro Margaux / Borgoña (Bianchi)
Perdriel (Norton)
Rincón Famoso (López)
Valmont (Chandon)

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