Vinos jóvenes para la generación Coca-Cola

Vinos jóvenes para la generación Coca-Cola

16/06/15
Fuente: Un Buen Vino.

La generación Coca Cola es un segmento de adultos (25–45 años) con actitud joven y optimista, que piden más y diferentes opciones de bebidas.

Son modernos, activos, salidores, internautas… abiertos a nuevas tendencias y a experimentar novedades.

También llamados generación Millennials/Nativos Digitales/Generación YO. Se trata de “jóvenes adultos que viven la vida con optimismo, disfrutando al máximo de su tiempo, están en la búsqueda constante de nuevas experiencias y un balance integral de sus vidas”, como los define Stephan Czypionca, de Coca Cola Argentina.

Para conquistar con vinos a esta generación, se necesita potenciar otras cualidades sensoriales de esta mística bebida, que describiremos a continuación.

La Refrescancia

  • Un inteligente equilibrio de los sabores dulces y ácidos
  • “Golosos no empalagosos”
  • Una explosión  de sabores frutados  y un crisp de “mágicos fuegos artificiales en la boca”.

Fresh, Fruity and Crisp

Teniendo en cuenta que esta generación valora la vida sana, física y emocional, hay que pensar en vinos chispeantes, naturales o carbonatados, con baja graduación alcohólica para promocionar el consumo responsable. Con respecto al packaging, éste es sensual, individualista, cordial y elegante, que invite al placer de la anarquía.
Pensar en vinos para chatear desde la terraza, la pileta, la playa o la nieve; con amigos y seres queridos. Vinos destinados a la juventud, la diversión, la modernidad, la innovación. Para disfrutar de la vida de vanguardia.

Esta bebida natural, joven y moderna, debe promover “un sano placer cotidiano”.

La Argentina vitivinícola y sus enólogos innovadores han sabido proponer vinos jóvenes y modernos. Así, podemos ver la fuerza impulsora de vinos “naturalmente dulces”, blancos y tintos tranquilos, espumantes y frizzantes en las divertidas noches de adultos jóvenes.

También debemos desarrollar vinos “adultecentes”, para compartir en reuniones gastronómicas con amigos o familia, joven y actual. Vinos más frugales y fluidos, menos complejos.

Entre los caminos tecnológicos para el desarrollo de estos vinos modernos, se encuentran la termovinificación – Maceración carbónica – Criomaceración – maceración fría prefermentativa – Fermentación fría aromática – cosecha temprana – vendimia escalonada – híper oxidación – flotación – intercambio iónico – Vinificación diferida – desalcoholización física – desulfitación – microfiltración tangencial y la carbonatación natural o asistida.

El Paladar Dulce y Refrescante

Estos vinos deben seducir desde el color y el aroma de vino frutado. En la boca, deben saber a Coca-Cola, con un equilibrado balance de azúcar/acidez.

El sabor dulce es el más desarrollado desde la niñez. Por ello, para ingresar al mundo sofisticado del vino, hay que comenzar con vinos de fresca dulzura.

El pH de vinos blancos y rosados no puede superar 3,2. En los vinos tintos suaves, sin taninos pronunciados, el pH debe ser inferior a 3,6.

En cuanto a los niveles de azúcar residual, la decisión estratégica será de cada bodega. El azúcar no debe utilizarse para disimular defectos (la industria ya pagó caro estos errores), sino para exaltar los sabores ricos de la uva y la fermentación.

Según su composición de azúcar, los vinos se pueden clasificar en:

  • Dry/Sec/Seco/Brut nature/Extra brut: menos de 15 gr/l de azúcar residual.
  • Demi sec /Medium dry/Semi seco: entre 15 y 25 gr/l.
  • Sweet /Douce/Dulce/Amable: más de 30 gr/l.

Los vinos dulces naturales han demostrado el talento enológico y la aplicación de tecnología de vanguardia en las bodegas innovadoras. Sin embargo, la conservación y la estabilidad suele ser difícil y complicada.

Para edulcorar estos vinos, tendrá un rol preponderante la elaboración de mostos sulfitados de baja graduación azucarina, pH menores a 3,2 y baja concentración de SO2 (menos de 300 ppm con alto nivel de SO2 molecular superior a 10ppm). Así, se podrá aprovechar la dilución natural de la concentración alcohólica original de los vinos.

Algunas Sugerencias de Mi Imaginación

“Vinos para beber descalzos – La anarquía es la base del placer”

Línea “light”

Vinos blancos, rosados y tintos secos de cosecha temprana con niveles inferiores a 11°G.L.

Varietales de baja acidez natural: Tocai –Semillón – Ugni Blanc – Pedro Giménez – Merlot – Tempranillo. Dos copas de vino no superan las 100 calorías.

Chardonnay – Sauvignon Blanc – Torrontés – Viognier –Chenin – Pedro Giménez, denominaciones del tipo “White Lady” “Sweet Girl”: 9°G.L. – 15 gr/l azúcar – 1500ppm de CO2

Chenin, tipo “Spring Time” “Summer Wine”: 5°G.L. – 100 gr/l azúcar – 1500 ppm CO2.

“Blanc de Blanc sur lie”: Cosecha temprana de uvas blancas, alcohol potencial entre 10 y 11°G.L. Vinos secos con inducción de fermentación maloláctica y crianza prolongada de 30 días sobre borras. El vino ideal para  sushi, ceviches, mariscos, ensaladas frescas, tapas y pollo frito.

Moscatel de Alejandría – Moscatel  Rosado, estilo  “Flower  Seduction”, “Citric Emotion”: 7°G.L. – 70 gr/l azúcar – 7,5 gr/l acidez total – 1500 ppm de CO2.

Merlot – Malbec – Cabernet Sauvignon – Bonarda –  Syrah – Tempranillo – Lambrusco – Sangiovesse – Pinot Noir. “Red Cola”, “Kid Adult”, “Red  Man”, “Soft Red”, “Tintos de Verano”, “Wines on the rocks “: 11° / 12°G.L. – 15/20 gr/l de azúcar. Se trata de vinos con una expresión intensa de frutos rojos, con la libertad de astutos toques de roble.

El Fascinante Mundo Espumante. Descorchar Felicidad

Quizás estos vinos, de alocadas y solemnes burbujas, se identifican  mejor con  la personalidad de la generación millennials: fugaces, audaces, informales, inteligentes, refinados.

Petillant – Cremant – De aguja – Chispeante – Frizzante nature – Vivace: estilos y métodos para diseñar vinos para estos consumidores.

Cuando avanzan en edad, estos jóvenes son más cautos y cuentan con más presupuesto. Con vistas a ese consumidor, la industria debería desarrollar espumosos más ricos y económicos.

Los espumantes prestigiosos de Argentina, elaborados con uvas de elite, como Pinot Noir, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Chenin y Torrontés Riojano, ya ocupan un lugar premium en la sociedad. Este es el tiempo de variedades blancas y rosadas, más económicas y de mejor rendimiento vitícola. Una burbuja fina y fugaz más frutada, más fluida, menos compleja.

Aquí se abre una brillante oportunidad a la innovación.

Aplicar innovación en añadir valor agregado a las uvas blancas comunes, criollas o mezclas, es consolidar puestos de trabajo en plena crisis.

Los jóvenes amantes del vino buscan lo diferente, lo desconocido. La innovación de hoy es la tradición del futuro.

Para desafiar variedades de menor vocación enológica, debemos aplicar cosecha temprana y lograr mejor estructura ácida de los mostos. Los vinos base, blancos y rosados, deben tener un pH entre 2,9 y 3,1. El alcohol potencial entre 9 y 10.5°G.L. Los polifenoles totales deben ser inferiores a 150 ppm. Debemos lograr ligereza, elegancia y fineza.

Sólo debemos controlar los niveles de acetaldehído y ácido pirúvico, con inteligentes adiciones de vitamina B1, Tiamina y glutatión, en la fermentación y toma de espuma. Reducir al máximo el uso de SO2 en las actividades prefermentativas. Un gran desafío es producir espumantes libres de sulfitos (sulfite free).

En cuanto a la cosecha, debe ser temprana, a menos de 10°G.L. potenciales. Prensado suave en la obtención de mostos, alcanzando niveles de taninos a menos de 200 ppm, antes de la fermentación primaria.

La toma de espuma por el sistema Charmat es la mejor opción de preparado para estos espumantes jóvenes, donde prevalece la fruta sobre la complejidad.

Debemos trabajar, investigar y desarrollar la mejor dinámica de las burbujas. El pH bajo, las levaduras y nutrientes específicos, temperaturas de refermentación muy bajas, la presencia de glicoproteínas de bajo punto isoeléctrico, son base de la investigación.

Costos Estimados

En relación a costos de producción, elaboración y comercialización, estos productos presentarían ventajas importantes, porque no tendrían limites en la producción de los viñedos (a más de 250 qq/ha).

Las variedades de uva no necesitan alta calidad enológica (sólo debe ser bien sanas y limpias) o terruños de privilegio.

Pedro Giménez – Ugni Blanc – Tocai – Moscatel rosado – Bonarda – Cot, serían los cepajes “estrella” para este tipo de vinos.

Las variedades criollas y cerezas pueden ser una novedosa y atractiva materia prima para estos vinos jóvenes (blanco escurrido flotado – sonrosados de cepajes criollos).

En Chile, la bodega de Miguel Torres, Curico, ha desarrollado un espumante a partir de la uva País (Criolla para Argentina) y ¡ha sido considerado el mejor espumante chileno!

Los enotécnicos argentinos tenemos la tarea pendiente de poner en valor y competitividad las variedades mezclas de uvas autóctonas, de alto rendimiento agronómico y discutido valor enológico. Esta oportunidad está presente en las propuestas de “Vinos jóvenes para jóvenes” – “Vinos jóvenes para corazones jóvenes”.

En los programas estratégicos de PEVI, sería muy importante promover la integración de pequeños productores de uvas rústicas y autóctonas con bodegueros que aceptaran el desafío de desarrollar estos vinos/bebidas. Apoyados incluso, con un programa de comercio justo o “fair trade”, que reintegra beneficios a los productores.

Estos “vinos tecnológicos” no necesitan tiempos de maduración y estabilización. Es posible venderlos a pocos días de su elaboración, mucho antes que el pago de las uvas, según los contratos clásicos de liquidación de materia prima que aplican los bodegueros.

Se trata de vinos ideales para elaborar en la Zona Noreste de Mendoza, en los valles templados y cálidos de San Juan y La Rioja.

Las condiciones ecológicas de estas regiones favorecen aplicar el criterio de “cosecha temprana”, sin necesidad de recurrir a la desalcoholización de los vinos con máquinas y otros procedimientos más costosos. Sería una ventaja competitiva sobre la producción de vinos livianos de otros países.

Además, con las condiciones comerciales de contra–estación, podemos llegar antes al hemisferio norte, para disfrutar de la primavera y el verano de los europeos, mucho antes de que ellos elaboren la nueva cosecha.

Aplicando una moderna tecnología de vinificación diferida, estos vinos podrían competir con la cerveza. A partir de mostos desulfitados o conservados por frío, es posible programar de 4 a 6 o más elaboraciones en el año, con mejor amortización de instalaciones y menores costos de refrigeración de la fermentación alcohólica.

La tapa corona, tan usada en las bebidas refrescantes, puede ser un inteligente y más económico sistema de cierre. Seguramente, la lata de aluminio también es un apoyo innovativo para estos vinos.

Estos diseños de vinos jóvenes, modernos, quizás “insolentes”, requieren un apoyo publicitario muy amplio y programas de distribución muy activos. Un marketing agresivo de seducción. Esto es algo que no se puede ignorar ni subestimar desde la industria vitivinícola. Con respecto al plan de negocios de estos productos, se requiere mucho protagonismo de la comunicación y costos de comercialización.

Su éxito depende de un trabajo muy inteligente y estratégico de todo el cluster vitivinícola argentino.

El Instituto Nacional de vitivinicultura (INV) debe sumarse, colaborando con una legislación flexible e innovadora. Actualmente disponemos de resoluciones más dúctiles.

Si la industria vitivinícola argentina se gana la confianza y la fidelidad de la generación Coca-Cola, el vino se asegura la aceptación de las próximas generaciones. Así, nuestra bebida nacional reivindica su capacidad dinámica de adaptarse a diversos segmentos del mercado, las generaciones y sus códigos sociales. Asimismo, resultará inteligente nuestra participación en los programas de Wine in Moderation, que el mundo del vino propone.

Siempre en épocas de crisis aparecen oportunidades. No la podemos dejar pasar.

Por Lic. en Enología Ángel A. Mendoza. Miembro de la Academia Argentina de la Vid y el Vino (AAVV)

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