¿Y si te digo vino de Tandil?

18/02/13
Fuente Vinarquía Blog.

Cordon+MontesTodo ocurrió de casualidad.  Estábamos cenando en Tandil, pasando una grata velada, y el propietario de Tierra de Azafranes (ver nota aquí) nos dijo que un amigo suyo estaba haciendo vinos en Tandil.  Inmediatamente me pasó su número y me contacté con él para ir a visitar los viñedos y de ser posible probar sus vinos.

Matias Lucas empezó a plantar en un pequeño campo familiar de una hectárea en 2008 y en 2011 empezó con las microvinificaciones sacando una primer añada de 400 botellas de Merlot y 200 de Sauvignon Blanc.  El proyecto es muy pequeño y totalmente a pulmón, sin grandes capitales ni nombres famosos.
Muy amablemente, Matías nos hizo un recorrido entre las hileras de su viñedo, explicando las dificultades y ventajas del terruño: gran amplitud térmica, las lluvias que le permiten trabajar en secano (sin sistema de riego),  las suaves pendientes que ayudan a drenar el suelo, etc.  También hay anécdotas que nos hablan del terruño, como los animales de los campos vecinos que se escapaban a pastar entre las vides.
Al igual que ocurre con otros emprendimientos jóvenes de zonas no tradicionales (ver notas en Saldungaray y Colón) por más talentoso que sea el enólogo se encuentra sobre un terreno desconocido, con un realidad poco estudiada y la experimentación juega un rol fundamental.  Matias Lucas plantó Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Sauvignon Blanc, Tempranillo y sigue experimentando con Cabernet Franc y Carménère.  Probar, innovar es la clave.  Parece fácil y divertido, pero para quien hace esto a pulmón es un costo muy alto y que depara momentos gratos y otros duros.
Actualmente, la gran apuesta de Cordón Montés va de la mano del Merlot, el Sauvignon Blanc (quienes lo probaron dicen que estaba muy bueno) y el Cabernet Franc.
Me pude traer una botella de su Cordón Montés Merlot 2012 (el precio es anecdótico) y probarlo tranquilo en casa.  Esta añada es oficialmente la primera, el primer vino embotellado de Tandil.  Un vino de vibrante color rojo rubí, de profundidad media.  Sugirieron decantarlo y así lo hicimos, sus aromas son preponderantemente frutados, no de fruta muy madura, más un toque vegetal, como si fuera rústico.  En boca tiene un cuerpo liviano, acidez marcada y un largo final.  Me pareció un vino correcto, distinto a lo que nos ofrecen los terruños andinos y bastante más cercano al estilo de vinos argentinos tradicionales como Weinert.  Más allá de esto, no me parece que sea válido comparar este vino con los que da Mendoza, es un vino de Tandil, un terruño desconocido y joven, que tiene sus propias características y una identidad por descubrir.  Por eso hay que bancar estos nuevos emprendimientos, porque aportan diversidad, favorecen la industria turística local y porque contagia a otros (ya hay otros productores plantando).
En resumen, un proyecto a base de fuerza, coraje y entusiasmo.

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