El secreto del vino es centenario en Cipolletti

03/10/10
Fuente: Rio Negro on line.

bodega la falda La producción se transformó en una tarea que se hace casi a mano. Una parte de la historia de la ciudad se atesora en sus toneles. Sus instalaciones están ahora al servicio del turismo. «Caminar hacia el futuro con la mirada en el pasado», parece ser el lema de la bodega La Falda, que cumple 100 años de historia vitivinícola en el Alto Valle y ha visto pasar a cuatro generaciones de la familia Herzig.

En 1910 Bernardo Herzig llegó al país desde Alemania y se instaló en las tierras del norte de la Patagonia. Al tiempo compró algunos terrenos y comenzó un arduo trabajo. Tuvo que desmontarlos, emparejarlos y sembrar alfalfa primero para ir preparando el suelo para la futura producción vitivinícola.

Hacia el final de la década del 20, los Herzig acondicionaron el galpón de forraje y lo prepararon para procesar las plantaciones de viñedos. En esta época Bernardo ya se había casado con Felisa Mercedes Paris, hermana del primer comisionado de Cipolletti, Juan María Paris. Así comienza una historia de 100 años de producción familiar, que en la actualidad continúa forjando el nieto de ese matrimonio, Jorge Herzig, de 56 años.

Hoy la bodega La Falda se conserva como a principios del siglo pasado. Jorge fue adaptando el negocio familiar con el paso de los años e hizo de las instalaciones un museo, que se conserva como patrimonio histórico. «La bodega abrió sus puertas al público y se realizan eventos y recorridos turísticos, que guío yo mismo para poder contar la historia de mi familia. Estoy produciendo en una pequeña escala, ya no como en aquellos tiempos donde se llegó a producir un millón de litros con 100 hectáreas de viñedos», relata Jorge mientras recorre las instalaciones.

En el lugar se pueden apreciar las máquinas que se utilizaban para procesar la uva, las piletas de fermentación y las cavas que se conservan originales con sus paredes manchadas por el mosto de la fruta.

Las instalaciones eléctricas, las oficinas, máquinas de escribir, libros de contabilidad, las cubas donde se mantenía el vino una vez terminado y muchos otros materiales de trabajo se conservan. «Está todo intacto, hice unos pequeños arreglos para cuando la gente venga a visitarnos sepa cómo fue trabajar en la década del 20», explica Jorge.

Mantener la bodega familiar no ha sido fácil, principalmente después de los años 80. «Para finales de siglo había 230 bodegas en el Valle, hoy quedan 24 y el resto desapareció. No fue nada fácil salir adelante en una Argentina tan inestable e impredecible política y económicamente»

La Falda es parte de la Ruta del Vino de Río Negro, que permite conocer las mejores bodegas de la provincia preparadas especialmente para la atención al turista. Jorge es la tercera generación de la familia Herzig y trabaja con una sobrina que constituye la cuarta descendencia de don Bernardo y doña Felisa. Juntos prepararon el lugar y agrandaron el salón para realizar eventos relacionados a la producción vitivinícola. «El año pasado organizamos una cena, con degustación y un concierto de cuerdas que amenizó la velada. Esta temporada vamos por más y por eso estrenamos un nuevo salón», explicó. Todo lo recaudado en este tipo de encuentros tiene como destino una institución de bien público de la ciudad.

JUAN CRUZ GARCÍA

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