Jorge Riccitelli: mendocino de pura cepa

30/09/12
Fuente: Diario Los Andes | Fernando Gabrielli.

Jorge RiccitelliEs uno de los enólogos más prestigiosos de nuestra provincia y está nominado para un reconocimiento a nivel mundial.

Jorge Riccitelli es un mendocino de pura cepa que se crió en una bodega y que actualmente es un gran referente de la industria del vino de nuestro provincia. Enólogo de profesión ha trabajado en establecimientos vitivinícolas destacadas del medio y actualmente lo hace en Bodega Norton.

En diciembre se sabrá si es el “Mejor Enólogo del Mundo” según la prestigiosa publicación norteamericana Wine Enthusiast.

-¿En qué momento de tu vida te relacionaste con el vino?

-Mi relación con el vino es desde muy chiquito. Yo nací en la maternidad de la Bodega Gargantini. Gargantini era una gran familia y ahí teníamos todos los servicios de una empresa de esa magnitud. Mi padre era mecánico de la bodega. Yo me crié entre tractores y tachos de uva.

-¿Eso te llevó a decidirte a estudiar enología?

-Mi padre era muy amigo de las patrones, sobre todo de Don Eduardo Gargantini. Y fue él quien le ofreció que yo estudiara Enología, para que después pudiera trabajar en la bodega. Nosotros vivíamos en Rivadavia y en el pueblo todos estudiaban para maestra o Perito Mercantil y yo salí bodeguero (risas).

 -¿Vos tenías ganas de estudiar eso?

-Yo estaba todo el tiempo en la bodega, pero la verdad es que no tenía mucha idea de lo que era estudiar Enología.

-¿Dónde estudiaste?

-Fui al colegio Don Bosco de Rodeo del Medio. Era un secundario técnico de enología. Y la institución más importante de esa época para estudiar sobre vinos en nuestra provincia.

-¿Cómo continuó la historia?

-Me recibí de enólogo y entré a trabajar, por supuesto en Bodega Gargantini. Esa fue mi escuela. Gargantini tenía 40.000.000 millones de litros y producía vino, grapa y champán entre otras cosas. Ahí el que tenía ganas de aprender aprendía y yo tenía muchas ganas. En la bodega estuve entre siete y ocho años y me fui a trabajar a Etchart. A esa altura tenía 25 años y ya estaba casado.

-¿Cuál era tu cargo en Bodega Etchart?

-Era enólogo y responsable de la elaboración. En ese momento la enología comenzó a abrirse al mundo y eso nos dio la posibilidad de conocer otros lugares, donde también se producía vino. Los empresarios y los hacedores del vino argentino comenzamos a salir para ver la enología que había en otros países. Eso ocurrió en el año 1986. Fue un aprendizaje muy importante, porque vimos cosas que no se enseñaban en la escuela.

-¿Cuál era la tarea primordial de esos viajes al exterior?

-Algunas veces el plan era ir a ver qué comían y qué tomaban los europeos. Sólo eso. Necesitábamos aprender y conocer experiencias.

-¿Cómo viviste el salto de nuestro vino fino de mesa a los vinos de alta gama de hoy?

-El vino argentino siempre fue de gran calidad. Como otras tantas cosas que se producen muy bien en nuestro país. Y nosotros creíamos que éramos los mejores, pero aún nos faltaba ir a competir. El hecho de salir al mundo marcó el momento exacto en que empezamos a aprender. Además nos dimos cuenta de qué vinos se tomaban con cada tipo de comida. Y sobre todo en qué momentos se podía tomar un vino.

-¿Cómo se produjo tu llegada a Bodega Norton?

-Eso ocurrió en 1992. Y fue realmente importante. La empresa tiene una marcada filosofía de calidad, eficiencia y buena relación con el mercado externo. La bodega en ese momento había sido comprada por Swarosvki (NDR  empresa de productos de lujo fabricados con cristal cortado). Y ellos estaba muy acostumbrados a la calidad. Sus joyas son conocidas en todo el mundo. Y él pretendía tener vinos de alta calidad, tal como las joyas.

-¿Qué tipo de bodega era Norton en ese momento?

-Norton siempre ha sido una bodega mediana, con buenos vinos.

-¿Y el vino de aquella época como era en relación al que elaboran hoy?

-Yo vine a esta bodega porque sabía que se hacía un producto de calidad. Tanto en aquella época, como hoy. En la actualidad hay un mercado diferente. Más habido, más instruido. Hoy el consumidor lee más, conoce más y por ende exige más.

-¿Está bien que Argentina siga mostrando el malbec en el mundo o es momento de que empiecen  a exportarse otros varietales?

-Hoy estamos mostrando muchos varietales aunque no son tan conocidos como el malbec. Pero actualmente hay más de diez varietales de Argentina que se ofrecen en el mundo. Está claro que aún ninguna cepa puede lograr la influencia del malbec. Pero me parece que a Argentina aún no la conocen demasiado en el mundo del vino. Todavía queda muchísimo por hacer. Nuestro principal consumidor es Estados Unidos, pero aún estamos lejos de ser las estrellas del mercado.

-¿Y qué es lo que vendrá en el futuro?

-Van a crecer el cabernet sauvignon, el cabernet frank, el tannat, el petit verdot. Creo que todas estas cepas lo van a ayudar al malbec argentino a seguir insertándose en los mercados más destacados del mundo.

-¿Qué le aconsejás al consumidor argentino, al del mercado local?

-Que tome buenos vinos. Que aprenda. El mendocino sabe de vinos. Es muy marquista de todas maneras, pero tiene muchas posibilidades de consumir vinos excelentes.

-¿La gente sola está aprendiendo de vinos o los enólogos contribuyen mucho en esta tarea?

-Los periodistas son altamente responsables de los vinos que toma la gente. Mientras más se escriba y más revistas especializadas o programas de vinos haya, la gente va a tener la oportunidad de aprender más.

-¿En qué momento de tu carrera te toma la nominación de la revista Wine Enthusiast de Estados Unidos a mejor enólogo del mundo en 2012?

-Es una etapa muy linda. Estoy en una empresa líder y en un momento en que la vitivinicultura de nuestro país se está ofreciendo al mundo.

-¿Cómo fue el momento en que recibiste la noticia?

-Estaba en Salta en un almuerzo y me llamaron y me lo comunicaron. La verdad es que fue con lágrimas. Una alegría muy grande. Yo me siento muy orgulloso de que la gente que realiza esta prestigiosa publicación se fije en mí. Además esto abre una ventana para las personas que estamos detrás del vino. Hasta ahora habíamos hablado de las bodegas o del malbec, pero no de las personas que lo realizan. Y somos muchos. Gran cantidad de colegas y de amigos que trabajan día a día con gran esfuerzo. Creo que la nominación me llega a mí hoy, pero seguramente en años próximos llegará a más mendocinos.

-¿Es algo que esperabas?

-Nunca trabajás para ese tipo de premios. Y realmente era algo que no sabíamos que podía suceder. Ni siquiera sabíamos que existía una terna, de esta revista, para elegir al mejor enólogo del mundo cada año.

-¿Con quiénes competís en la obtención de este premio?

-Son cinco enólogos en total. Dos americanos, un neocelandés, un australiano y yo.

-¿Cuándo se dará a conocer el ganador?

-En diciembre. Y la entrega del premios es en enero en Nueva York.

-¿Qué te parece que deben hacer las bodegas para que la industria del vino siga creciendo?

-Fundamentalmente hacer buen vino, no hay otra fórmula.

-¿En algún momento pensaste que la industria del vino iba a tener el crecimiento que está experimentando?

-Cuando yo estaba en Gargantini, en el año 1970, recién comenzaba a hablarse de exportaciones. Se enviaba vino a Inglaterra y la verdad es que se perdía plata. Pero se estaban abriendo caminos para armar mercados. Y hoy Mendoza disfruta del trabajo de esos pioneros que había en esos años como Trapiche, Gargantini, Giol, Toso y muchos más.

-¿Qué es lo mejor que te ha dado en la vida tu profesión?

-Todos los días disfruto de mis hijos y de mis nietos. Y por supuesto de trabajar en el mundo del vino, que es algo que me apasiona.

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