Sushi Club tiene su propio vino.

02/10/11
Fuente: Diario Los Andes | Marcelo López.

sushi clubEl concepto es resignar ganancias, no calidad. Nicolás y Diego Largacha y Eduardo Andreu son los dueños del Sushi Club. Ya tienen también su vino propio y piensan traer otras franquicias a nuestra provincia. Afirman que faltan locales para restaurantes. Hace dos años parecía un sueño aventurero de tres jóvenes mendocinos, con formación económica y empresarial al que muchos le pronosticaron poco vuelo. La apertura de Sushi Club fue un evento que concentró varios encuentros sociales y mucha gente. Dos años después los tres jóvenes a los que se les daba poco tiempo, armaron su propia inversora, su local es un éxito constante, y analizan varias ofertas de otras franquicias importantes. La historia de la sociedad entre Nicolas y Diego Largacha junto a Eduardo Andreu nació en Buenos Aires cuando estudiaban y “sentimos la necesidad de ser nuestros propios jefes”, dice Andreu, pero “no teníamos posibilidades de fallar. A partir de allí decidimos buscar un modelo probado en otras partes y trasladarlo aquí”.

-¿Dónde ven ustedes el éxito de una franquicia?

Nicolás Largacha: Franquicias hay miles, hay muy buenas y muy malas, que se inventan de un día para otro o que se gestionan bien. Lo que nosotros intentamos buscar fue una marca fuerte, con identidad y consenso. Además notábamos que la gastronomía en Mendoza estaba muy atrasada.

Eduardo Andreu: En eso nosotros somos pioneros y nos llevó una larga discusión con la empresa. Nuestro concepto es resignar ganancias, no calidad, y fidelizar.

Sushi Club tiene en Buenos Aires o en Córdoba su estrategia de siempre: ser más cara que la competencia, y después sumarse a promociones.

N.L: Pero cuando la gente te tilda de carero no vuelve más, por lo menos acá en Mendoza.

EA: Nuestra estrategia es otra, que el cliente no se sienta asustado con la carta, y ganamos esa discusión. De hecho hoy Sushi Club está estudiando sumarse a esta política que generamos desde Mendoza.

-Esta estrategia es poco común, no sólo en la gastronomía sino en el empresariado en general…

NL: Nosotros tres nunca estuvimos apurados por ser millonarios, vivimos bien y tratamos de hacer bien un negocio. Y hay algo que quizás tenga que ver con la formación académica que tenemos, tomamos decisiones discutiendo, estudiando. Tratamos de llevar el negocio gastronómico a que sea un negocio profesional.

-¿Cuál es la política de crecimiento?

NL: Allí juega nuestro otro sueño, armar un grupo de inversión. Hoy lo tenemos armado: Grupo Pyxis, cuyo puntapié inicial es el Sushi Club, pero debo aclarar que nuestros steakholder, llámese bodegas, proveedores y hasta clientes, han colaborado muchísimo.

A partir de esto podemos comenzar a estudiar, y ya comenzamos a desarrollar un montón de proyectos y de ofrecimientos que nos llegan. Eduardo está en la parte económica y financiera y hace la evaluación de los proyectos. Diego se dedica a la parte de operación del Sushi Club y de los próximos negocios, y yo colaborando un poco con él y desarrollando ideas.

-¿Y el financiamiento del fondo? ¿Están buscando capitales?

DL: Hoy básicamente lo estamos haciendo solamente con reinversión propia, pero no descartamos que, de acuerdo a los negocios o proyectos, podamos buscar capitales por fuera.

-Pensando en el crecimiento, ¿cuáles son los principales escollos?

NL: El principal cuello de botella son los locales. Mendoza no tiene locales.

EA: La gran mayoría son casas viejas que se aprovechan para un local, pero se transforman en muy incómodas de operar, con problemas para los baños y también para la cocina.

-¿Qué sectores ven ustedes hoy todavía con potencialidad en la gastronomía?

DL: Nosotros vemos que hay un espacio grande en la gente de 25-30 para arriba que quiere salir a tomar algo.

NL: Lo que nos pasaba y nos pasa a nosotros, es que la gente por allí no se va más. No hay puntos de contacto después de cenar. Hay lunes que en verano cerramos a las cinco de la mañana

EA: Nos pasa muy a menudo que te llaman de una mesa de un grupo de chicos y te dicen mandale un espumante a las chicas que están allá Pero no hay puntos de contacto, de relax después de cenar. Allí hay un espacio interesante

-¿Dónde apuntan el futuro del grupo?

NL: Nosotros preferimos pagar el 6 o 7% a la franquicia y operarla bien, que invertir ese 6 o 7% en una marca nuestra.

-Pero en este concepto ustedes también sumaron valor agregado a la franquicia nacional.
NL: Sí, hemos creado rolls que después se agregaron a las cartas en Buenos Aires y Córdoba o están estudiando nuestra política de precios, o la carta de vinos.

-¿Pyxis será sólo una especie de operador gastronómico?

NL: Desde lo comercial sí, pero también tenemos ideas. Hay un tema que estamos trabajando a partir de nuestra formación y de nuestras inquietudes que tiene que ver con un cierto compromiso, con la capacitación y la difusión.

Analizamos comenzar a traer economistas que hablen de la coyuntura, que la expliquen, pero que también capaciten en cómo armar un portfolio de negocios, el papel de los empresarios, de los emprendedores. Buscamos que se entienda que los empresarios no son unos gordos que están detrás de la caja contando plata.Y lamentablemente la gente y la mayoría de los empleados lo piensa.

¿A partir del crecimiento sale la idea del vino?

NL: Sí, Lágrima Negra, es las ganas de tener un vino, hoy sólo se comercializa en el Sushi Club y creemos que es un buen vino un Malbec hecho como hay que hacerlo, de Agrelo en la bodega de Jorge Giol. Y esperamos el año que viene también poder hacer Sauvignon Blanc.

-¿Por qué sólo esas dos cepas?

EA: A partir de nuestra experiencia, hicimos estadísticas sobre los vinos que se consumen en el Sushi Club. El 60% son blancos y de ese porcentaje el 80 % es Sauvignon Blanc, y del 40 % de tintos también el 80 % es Malbec. Por eso optamos por ese camino.

-¿Qué pasa con los vinos?

EA: El consumo en Mendoza es diferente. En las otras franquicias el consumo es 70 % cerveza, 30 % vino. Y la proporción de vino blanco y vino tinto es exactamente inversa a la nuestra.

-¿Qué le falta al vino para volver a ocupar el lugar en la mesa de los restaurantes?

NL: Hay un tema fundamental, el precio. El vino que yo vendo acá a 50 pesos, en el Sushi Club de Buenos Aires, y también algunos restaurantes de Mendoza, sale 120 pesos. Nosotros no marcamos nuestra carta así. Todos los acuerdos comerciales los trasladamos al cliente no nos guardamos el margen nosotros. Nuestra idea es que la carta de vino sea accesible. Hay restaurantes que a un vino de 26 pesos más IVA te lo cobran $ 125. Este es un problema grave.

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